Hay una conversación que están teniendo muchos papás con sus hijos y estoy casi seguro que en tu casa también está pasando. Tu hijo dice que quiere ganar bien. No es codicia, es miedo a batallar.
Tú quieres apoyarlo. Pero te da miedo que elija solo por el sueldo y termine odiando sus lunes. Y te entiendo, tiene todo el sentido del mundo querer proteger a nuestros hijos de lo que viene.
Seamos honestos, hablar de dinero en casa es incómodo. Te voy a decir algo que probablemente no es lo que venías a escuchar, pero te lo digo con la mano en el corazón: tú no eres la persona adecuada para decirle a tu hijo qué estudiar. Tu trabajo no es ser el experto, es ser el facilitador, como cuando lo llevabas a la academia de karate o de ballet porque tú no eras el experto, solo le ponías la herramienta en las manos.
Lo que quiero que te des cuenta es que dedicarte a algo solo por el sueldo es un tipo de esclavitud moderna. Y hace total sentido que tu hijo piense en el dinero, porque en una encuesta de Fundación SM en México los jóvenes dijeron que estudian sobre todo para tener más oportunidades de empleo y para tener un empleo bien remunerado, mucho más que por dedicarse a lo que les gusta. No está roto, no es malo, no es flojo por pensar así, ¿no? Solo está mirando una parte de la foto.
Así que te voy a dar tres cosas para hablar de dinero sin pelear y para que el dinero no decida solo. Eso es lo que hace una buena orientacion vocacional: abrir el mapa antes de recortarlo.
¿Qué te pide ese sueldo a cambio?
Lo primero es preguntar qué compra en realidad ese sueldo. Porque lo que importa de una carrera no es el nombre, es qué te entrena a hacer todos los días: pensar con rigor, conectar genuinamente o expresarte con claridad, y en qué condiciones lo vas a hacer.
Te pongo un ejemplo. Diego, de Monterrey, decía que quería ingeniería porque “ahí sí pagan”. Lo que creía era que ingeniería era oficina con aire acondicionado. Lo que descubrió cuando exploramos el día a día fue que muchos puestos bien pagados están en obra, con casco, turnos largos, calor y semanas fuera de casa. Hay ingenieros que trabajan en empresas de instalaciones en México, en montaje electromecánico, y ganan bien justamente porque sostienen ese ritmo. Y ahí está lo que Diego no había pensado: el sueldo no viene solo, viene con un horario, un cuerpo cansado y una vida fuera del trabajo.
¿Dónde suele estar el error? En que tu hijo se enamora del número y no del lunes. Por eso, cuando hablamos de como elegir carrera, siempre bajamos del nombre al trabajo real: ¿dónde vas a estar a las 7 de la mañana, con quién hablas, qué problemas resuelves, qué parte te aburre?
¿Y si eso que hoy deja mañana paga distinto?
Ninguna carrera desaparece y ninguna es segura. De hecho, sobre inteligencia artificial, las carreras se dividen en transformadas, potencializadas y de bajo impacto. Justamente por eso no existe eso de elegir “la segura” y ya descansar.
Fernanda, de Puebla, estaba convencida de que lo mejor era un curso corto de automatización porque había visto videos de gente que gana dinero rápido. Lo que creía era que con saber montar un agente de ia para whatsapp ya tenía resuelto el futuro. Lo que descubrió fue que esa habilidad sí vale, pero como parte de algo más grande: entender a un cliente, sostener un servicio, pensar un proceso. El atajo sin carrera la dejaba compitiendo con miles que saben lo mismo.
Lo que quiero que te des cuenta es que el mercado se mueve. Apostarle a un número de la ruleta lo que cuesta una colegiatura, entrando a “la que hoy paga” sin explorar, sale caro. La SEP reportó una tasa de abandono en educación superior de 8.1% en el ciclo 2021-2022. Entrar para probar y luego cambiarse no es gratis en tiempo, dinero ni ánimo. Por eso hablamos tanto de carreras del futuro, no para adivinar cuál va a ganar, sino para que tu hijo entienda cómo van a cambiar las que le gustan.
¿Entre cuántas opciones está eligiendo?
Esta es la tercera y es la más práctica. Uno no puede amar lo que no conoce. Hay casi 200 carreras, y el listado de afines debe ser de 15, 20 o 25, no de tres o cuatro. Si tu hijo solo compara las cuatro que “dejan”, no está eligiendo, está recortando a ciegas.
Emilio, de Mérida, decía “o contador o ingeniero o nada”. Lo que creía era que esas eran las únicas que valían la pena. Lo que descubrió al explorar fue una lista de 18 opciones afines donde aparecían caminos que ni conocía y que sí le movían: logística, gestión de proyectos, tecnología aplicada a operaciones. No cambió porque le dijera qué hacer, cambió porque por fin vio el recipiente completo. Yo siempre lo explico con las 200 canicas en un recipiente de las que solo tres eran las buenas: si solo sacas cuatro, lo más probable es que no agarres ninguna buena.
Y aquí tu papel es clave. Cuando un papá me dice mi hijo no sabe que estudiar, casi siempre lo que hay detrás no es flojera, es miedo. Es una llamada de auxilio silenciosa. Tu hijo necesita que le ayudes a explorar sin juzgar, no que le resuelvas la duda con tu propia historia.
Las dos decisiones más importantes de una vida son con quién la compartes y a qué te dedicas. Por eso vale la pena tomarse en serio la pregunta de que carrera estudiar y no dejarla al “que entre a algo y si no le gusta se cambia”.
Pon la cara de tu hijo en tu mente. Imagínatelo en 20 años. ¿En qué tipo de casa te gustaría que viviera? ¿Con qué cara te gustaría que llegara el domingo en la noche, pensando en su lunes? Si lo imaginas pagando una hipoteca pero arrastrando los pies, el sueldo no fue suficiente, ¿no?
El mayor riesgo no es que tu hijo no sepa qué estudiar, es que elija creyendo que eligió bien. Si quieres ayuda para abrir ese mapa con calma, puedes asomarte a nuestra sesión informativa gratuita y ver si este camino le sirve a tu familia.