Hay una conversación que están teniendo muchos papás con sus hijos y estoy casi seguro que en tu casa también está pasando. Tu hijo te dice que ya avanzó porque ya tachó: que nada que tenga matemáticas, que nada de sangre, que nada donde haya que hablar en público. Y tú respiras aliviado porque por fin se movió algo, ¿no?
Y te entiendo, tiene todo el sentido del mundo querer proteger a nuestros hijos de lo que viene. Verlo tachar se siente como verlo decidir. Hace total sentido que lo celebres: al menos ya no dice que no sabe nada, al menos ya hay una lista más corta en el refri.
Te voy a quitar un peso de encima y a la vez te voy a decir algo que probablemente no es lo que venías a escuchar, pero te lo digo con la mano en el corazón: tachar no es elegir. Seamos honestos, tu hijo no está eligiendo, solo está evitando lo que le incomoda hoy en la prepa. Y tú no eres la persona adecuada para ayudarlo a cerrar esa lista, eres la persona adecuada para ayudarlo a abrirla.
Lo que quiero que te des cuenta es que uno no puede amar lo que no conoce. Tu hijo está dejando fuera carreras que nunca ha visto por dentro. De hecho, justamente ahí suele estar el error. Te pongo un ejemplo de la casa: es como si tu hijo vaciara su clóset tirando las camisas que le picaban a los quince años y creyera que con eso ya eligió cómo se va a vestir a los treinta. Quitó molestias, no encontró gusto. Con la carrera pasa igual.
Así que te voy a dar tres cosas que pasan cuando tu hijo elige por descarte, para que las mires con él esta semana.
1. Lo que evita hoy no es lo que va a evitar al trabajar
¿Dónde suele estar el error? En creer que la materia es el trabajo. Tu hijo dice “odio matemáticas” pensando en el examen del viernes, no en usar números para decidir en un negocio real. Dice “no sangre” pensando en una serie, no en acompañar a una familia en un hospital.
Te pongo un ejemplo. Diego, de Puebla, había tachado todo lo que tuviera números porque reprobó dos parciales seguidos. Cuando por fin se acercó a ver el día real de un analista de datos y de un contador, descubrió que lo que le pesaba no eran los números, era sentirse expuesto en clase. No está roto, no es malo, no es flojo. Tenía miedo, y el miedo se disfrazó de descarte.
2. Tachar esconde que no ha explorado
Hay casi doscientas opciones dando vueltas y tu hijo solo conoce por su nombre cuatro o cinco. Si su método es ir tachando lo que no le late, va a terminar con dos o tres nombres conocidos, no con quince o veinte afines entre los que sí valga la pena comparar. Eso todavía no es elegir.
Fernanda, de Monterrey, decía que lo suyo “no era hablar con gente”. Había tachado psicología, educación y ventas. Cuando escuchó a una mediadora contar cómo prepara una conversación difícil y a una diseñadora de experiencia contar cómo entrevista usuarios, se dio cuenta de que sí le gustaba conectar genuinamente, solo que no le gustaba exponer en el salón. Lo que tachó no era la habilidad, era el recuerdo del salón.
3. Tu trabajo no es cerrar, es poner herramientas
El papá no es el experto, es el facilitador. Su trabajo es poner las herramientas en las manos del joven. Si te quedas en preguntar “¿ya tachaste otra?”, lo dejas solo con su miedo. Si cambias la pregunta a “¿qué te gustaría ir a ver esta semana?”, lo pones en movimiento.
Sebastián, de Querétaro, solo quería ganar bien y tachaba todo lo que sonaba a poco sueldo. Cuando su papá lo llevó a pasar una mañana con un ingeniero en planta y una tarde con un comunicador en agencia, entendió lo que ese sueldo le iba a pedir a cambio: madrugar entre máquinas o vivir de entregas. No eligió por el número, empezó a preguntar qué lo entrenaba cada camino, si a pensar con rigor, a conectar genuinamente o a expresarse con claridad.
Por eso, cuando me preguntan como elegir carrera sin quedarse en el descarte, siempre regreso a lo mismo: primero explorar, después filtrar. Y cuando una familia necesita orden para hacerlo, una buena orientacion vocacional ayuda a abrir ese abanico con calma en vez de cerrarlo con prisa. Puedes empezar por leer con tu hijo nuestra como elegir carrera y anotar juntos qué le llamó la atención de lo que no conocía, no solo lo que tachó.
Pon la cara de tu hijo en tu mente. Imagínatelo en veinte años. ¿En qué tipo de casa te gustaría que viviera? ¿Con qué tranquilidad te gustaría que hablara de su trabajo? Las dos decisiones más importantes de una vida son con quién la compartes y a qué te dedicas. Todavía están a tiempo de abrir antes de cerrar.
El mayor riesgo no es que tu hijo no sepa qué estudiar, es que elija creyendo que eligió bien. Si quieres que lo platiquemos con calma, te invito a una sesión informativa gratuita para papás. Sin prisa, sin presión, como se acompaña a un hijo que está aprendiendo a decidir.